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| ¿Qué es amor? |
El amor original
En esta parte del planeta, los azares de la historia en el viejo mundo nos heredaron tecnologías, como la pólvora, el papel, estructuras culturales como sistemas de gobierno, la lengua, y problemas como la sífilis y la viruela, pero tal vez una de las herencias que más profundamente quedó grabada en los habitantes originales del nuevo mundo fue la religión.
No es el objetivo de este corto texto, criticar la herencia hispánica, ni hacer un juicio redentor sobre las “pérdidas culturales” que tiene el grueso del conocimiento de la humanidad, gracias al proceso de conquista europeo en América, sino más bien quiero centrarme en las implicaciones que tiene tomar literalmente un termino de un texto sagrado y cómo eso puede tener directa influencia en la formación de un criterio político propio ó cómo la influencia religiosa hispánica, ha traducido en nuestro español de hoy palabras que pudieran tener más que peso semántico, peso político.
Entrando en materia, no sobra dejar claro que no está tampoco entre los objetivos comprobar desde la ciencia ó desde ningún campo la culpa de la moral, en la situación actual colombiana, sino más bien hacer una especie de discernimiento de la misma. El discurso estará enmarcado en un ambiente cristiano moderno, y es desde esta tradición judeocristiana católica, que hemos sido criado con el que Dios nos hizo a su imagen y semejanza, esto no sólo nos ha puesto en muchos problemas sobre una explicación científica de nuestro origen, si no que inicia el debate sobre si nuestro actos son ó no son “buenos” en sí, porque si somos clones de un Dios que es amor, ergo nuestros actos hoy deberían demostrar ése amor, a pesar que como clones imperfectos de ése origen perfecto sólo podamos reflejar ése amor y no ser ése amor.
¿Qué es ese “bueno”?¿Implica lo malo, para poder ser lo “bueno”?¿Es la moral que nos permite llegar a ése juicio, un axioma por sí mismo?¿Podríamos librarnos de esa moral?
Pero literalmente ¿Qué significa “a su imagen y semejanza”?,¿debemos pensar que “amor”, es lo que el diccionario de la Real Academia de la Lengua, determina en su primera acepción? :
“(Del lat. amor, -ōris).1. m. Sentimiento intenso del ser humano que, partiendo de su propia insuficiencia, necesita y busca el encuentro y unión con otro ser.
”
¿Es ése amor una tara que heredamos por su imagen y semejanza?¿No implica ése amor insuficiencia?¿A quién necesita el Dios de la biblia para buscar el encuentro y unión con otro ser?¿acaso no es todopoderoso?
Todo esto terminó llegándonos como “ama a tu prójimo”, “tienes que poner la otra mejilla” y cosas por el estilo, en las que yo tenía que ponerme en un segundo lugar para dar espacio a mi gran bondad y demostrar el amor hacia los otros así ni los conociera, pero era este el amor al que se hacía referencia en “Dios es amor”?
¿Por qué siempre fue incuestionable ése planteamiento?¿por qué nunca dudamos del idioma en que nos llegó?¿por qué ninguno de nosotros pensó en una segunda intención de esta premisa?
¿Cuál de tantas acepciones para “amor” era la que se quería denotar ahí?¿Importaba el contexto?¿quién lo tradujo?¿desde que idioma? es en éste punto dónde debo detenerme para solucionar al menos superficialmente la gran cantidad de preguntas que me atacan.
La primera epístola de “san” Juan 4:8, pertenece a lo que se conoce hoy como las “escrituras griegas” ó nuevo testamento, esto porque se escribió en griego, hacia el primer siglo de nuestra era, llamada “cristiana”, el amor en ésos años no era una cosa tan gaseosa como la vemos nosotros hoy en español , ya que tenemos muchos niveles de amor, desde el “te quiero pero no te amo”, hasta el “mi amor, como le queda de bueno ése yin”, pasando por el sumiso “sí, mi amor”, cosas que demuestran a grades rasgos nuestro “comodín”, el amor y sus secuaces.
Algo similar con el amor, tenían los griegos en el primer siglo, cuando los apóstoles de Jesús, escribieron sus epístolas, pero con algo más de orden, por ejemplo el amor como lo conocemos hoy, lo tenían dividido en varias palabras, que nosotros para efectos prácticos, hemos decidido unir en una sola palabra : amor.
Sobre estas cinco ramas del amor, -esto es desde el amor que vemos nosotros hoy-, no sabemos si para ellos tenían algún tipo de conexión semántica. La primera, palabra que en griego se usaba para hacer referencia era eros. “Eρως” podría ser el dios del amor, pero según el contexto era fácil saber que se referían al amor de pareja, al atractivo sexual, por esto mismo creo que no era esta la acepción de amor, a la que se refería “san” Juan,
La segunda palabra griega, que nosotros hoy conocemos como amor, era φιλία, ó philia, que nosotros heredamos hoy en español, en gran cantidad de términos médicos y psicológicos, pero que en su contexto original era “amor de la mente”, pero esta tampoco encaja en el concepto de amor que Dios es, porque ése amor que el representa, perdona todo y un amor de la mente, podría ser todo menos permisivo ó poco práctico. Storge ó στοργή es nuestra tercera palabra y hace referencia al amor natural, de un padre por un hijo.
Xenia (ξενία), es otra de las formas de amor de los griegos, pero esta tampoco encaja en ésa herencia del amor como lo conocemos nosotros hoy, principalmente hacía referencia a la hospitalidad, una cualidad muy común en la Grecia antigua.
Finalmente ágape ó ἀγάπη, es nuestra palabra griega, usada por el apóstol “san”· Juan para amor, el texto tomado tomado de “The Emphatic Diaglott”, -una versión interlineal que hace una transliteración del griego al inglés-, cita del texto original así: “ὁ μὴ ἀγαπῶν οὐκ ἔγνω τὸν θεόν, ὅτι ὁ θεὸς ἀγάπη ἐστίν”, nótese el ágape en cursivas negritas, este tipo de amor, es el que “somos”, este amor hace referencia al amor de un padre a un hijo, pero va más allá, la diferencia estriba en que los intereses del padre, son puestos en segundo lugar por el beneficio de su hijo. Hay un sacrificio constante por cumplir con el “ama a tu prójimo”, cosa que tristemente en la vida diaria del ciudadano de alpargatas, no se ve.
El amor acá y hoy
En español no tenemos tantos matices filosófico-religiosos alrededor del amor, pero el objetivo de este texto no es cómo podríamos nosotros hoy tener la precisión al usar “amor”, ni ser un tratado filológico de esta palabra, sino ver hoy dónde está ése amor, ó si nuestro estado -compuesto por clones de Dios- tiene ése amor sacrificado del que estamos hechos.
Nuestro joven e inocente país, de tradición mayoritariamente católica, ha tenido una relación muy cercana en todas sus etapas de formación con la Iglesia, como institución y como guía de muchas de sus políticas. En parte esa herencia, nos ha quitado parte de la responsabilidad, haciendo que depositemos nuestra confianza de manera total, en nuestro padre, que apoyado por la Iglesia -cada vez en menor medida- se ha convertido en “papá estado”, desde dónde se administra el país como si fuera una casa y nosotros los los hijos-ciudadanos, nos beneficiamos de dar todo el poder a ése para estado que basado en el ágape decide lo mejor para nosotros.
Esas decisiones -tomadas dentro del marco de la moderna democracia que nos gobierna- se convierten en planes de estado, que siempre procura -como lo obliga la constitución- el bien común de todos los ciudadanos.
Una de ésas políticas, ha sido la reciente “seguridad democrática”, que de alguna manera ha permitido que el país tenga ante el mundo la imagen de “confiable para inversión extranjera”, seguro para viajar por carretera -convirtiendo las pescas milagrosas en cosas del pasado-, inclusive logrando un “gran éxito militar” al liberar algunos secuestrados importantes en la ya famosa operación Jaque. Otra de las cosas positivas de esta “política de seguridad democrática” es que el conflicto ahora está más visto contra la sociedad Colombiana y no sólo contra el estado, logrando unir a colombianos de diferentes colores políticos contra un conflicto que ya tiene tanto de largo como de estúpido.
Esta política no es más que una versión de la política de seguridad nacional bajo otro nombre. Es patente que la política de seguridad democrática tiene antecedentes en la Doctrina de seguridad Nacional promovida en América Latina en las décadas de 1970 y 1980 ante la amenaza comunista, sólo que en esta ocasión el enemigo no es el “rojo” sino la violencia y el terrorismo.
Este ágape que nos tiene el estado sacrificando sus planes de inversión en educación, por garantizarnos la vida, han logrado mucho en varios sentidos, ha logrado que el conflicto migre ahora a las ciudades haciéndolas mucho más inseguras, y que la opinión en este caldeado ambiente político se vuelva fácilmente un delito.
El fin del amor
Por otro lado, el amor que el estado le ha puesto a acabar con el problema de conflicto en Colombia, basándose en mano firme con los insurgentes, no cubre todos los aspectos del problema, enredo está en que el conflicto no es sólo conflicto, no es un problema de superioridad militar, el problema es mucho más complejo, implica una gran cantidad de otros aspectos, como oportunidades educativas, estabilidad laboral y derecho a la opinión libre, entre muchos otros.
Aquí empiezo a dudar de ése ágape que el estado tiene por sus hijos-ciudadanos, la gran inversión en dinero para la guerra, y las grandes injerencias de otros padres de otras casas en la forma en que llevamos las cosas, me hace pensar que el problema en Colombia, es en realidad garantizar la venta de armas, garantizar el dominio del estado y no el gobierno del estado,
¿Dónde está ése ágape que la Iglesia tenía que proteger y hacer ver en las políticas de estado?¿Por qué a pesar de esa bonita herencia religiosa, no sobrevivió a nuestros días el amor como política de vida, si no el egoísmo?
Es bien sabido que el amor, nubla nuestras decisiones, es una variable incalculable a la hora de medir los pros y contras para llegar a una resolución. Por eso creo que para que el amor vuelva a gobernarnos, debemos quitarnos ése amor a la hora de decidir, no podemos decidir con el corazón, sino siendo prácticos.
Ahora creo que el relato sagrado, que afirma que somos a su imagen y semejanza no está completo si no tenemos en cuenta que uno de los ángeles más bellos, se convirtió en un “resistidor”: Satanás.
Hoy creo que el que nuestro amor tenga tantos matices y que nuestra herencia religiosa, nos hiciera sentir culpables de todo lo que ocurre, nos obliga a correr sobre una cinta de Moebius, en la que no controlamos lo que va a ocurrir, acá es dónde el amor, pero el amor propio, no da el respiro de estas taras para seguir adelante.
Finalmente si somos amor, seguramente también podremos ser odio, y ése odio es el que no quiero que gobierne nuestra casa, por si me preguntan mi opinión sobre si quiero que el estado siga ejerciendo el ágape de la manera que lo ha venido haciendo, “simplemente preferiría no hacerlo”







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